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Déjalo salir... como Jesús.

El corazón es misterioso.
Y no lo digo a modo poético, lo digo casi de manera literal. El corazón guarda de forma misteriosa todo lo que sentimos. Pero... ¿Qué hacer cuando el corazón se cansa de guardar tanto? ¿Qué hacer cuando late tan fuerte que parece estallar? ¿O cuando late tan débil que parece morir?
Hay que seguir el ejemplo de Jesús: déjalo salir.

2 amigas llorando mientras una consuela a la otra
Hermano, hermana, que me lees, tienes que hablar. Tienes que expresar lo que sientes. Habla con Jesús, con María, con tu familia, con tus amigos, con tu psicólogo... con quien quieras. Pero no te guardes lo que sientes. De todo corazón te lo pido, habla. No cargues en silencio eso que te carcome el alma, eso que te destruye el corazón. No tienes que hacerlo solo, porque Jesús ya nos marcó el camino.
Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. (Mt 11,28).

Jesús nunca ocultó sus sentimientos. Era Dios, pero también era hombre. Jesús se conmueve, lamenta y hasta llora. Tuvo cuerpo y corazón.

Jesús lloró. (Jn 11,35).

Hermano, si tienes que llorar, llora con Jesús.

Si tienes que gritar, grita con Él.

Si sientes un miedo mortal, siéntelo con Jesús.

Si tienes que abrazar, abraza con Él.

Permítete sentir y expresar, con palabras y gestos, lo que tu corazón grita.

El mayor signo del amor 

La cruz es el mayor signo del amor. Y no lo digo como un cliché, ni como una verdad teológica. Lo digo porque yo mismo he experimentado ese amor, tomando para mí las palabras de Pablo:
Me amó y se entregó por mí. (Ga 2,20).

No podemos comprender el tamaño ni lo reconfortante de esta entrega. Saber que a Jesús le importé tanto que se entregó por mí, y que, aún desde la cruz, decía: "Perdónalos, porque no saben lo que hacen".

Abraza la cruz. Abraza a Jesús.

Deja que tu corazón se abrace al suyo.

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Mi oración contigo.

vitral de Jesús en la cruz

Este artículo está basado en mis reflexiones personales después de leer la Encíclica Dilexit Nos del Papa Francisco, especialmente los numerales 43 a 47.

En este mismo blog ya he publicado 8 artículos más sobre esta Encíclica:


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