Hoy celebramos Pentecostés, una de las fiestas más importantes para todos los cristianos. Y creo que vale la pena vivirla, no solo desde la emoción o desde la tradición, sino entendiendo mejor a quién estamos invocando cuando decimos: “Ven, Espíritu Santo” . Porque a veces hablamos del Espíritu Santo como si fuera una fuerza, una energía, un impulso interior o simplemente “algo” que se siente en la oración. Incluso, muchas veces lo reducimos a sus símbolos: el fuego, la paloma, el viento, el agua. Pero lo primero que tenemos que tener claro es esto: el Espíritu Santo no es una cosa. El Espíritu Santo es una Persona. Y no cualquier persona. Es la tercera Persona de la Santísima Trinidad . Es decir, es Dios. Los cristianos creemos en un solo Dios en tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo . No creemos en tres dioses. Creemos en un solo Dios. Pero ese único Dios se nos ha revelado como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo. Por eso el Espíritu Santo no es menos importante que el...
“Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo” (Mt 25,40). Con esta frase, Jesús muestra que el amor a Dios se verifica en el amor concreto al prójimo, especialmente a los más pobres, frágiles y sufrientes. En la encíclica Dilexit Nos , el Papa Francisco recuerda que el amor a Cristo no puede separarse del amor a los hermanos . La devoción al Sagrado Corazón de Jesús no es una espiritualidad encerrada en la intimidad, sino una experiencia de amor que pide una respuesta visible y fraterna. Esa respuesta se resume en la expresión “amor por amor” (Dilexit Nos, n. 166): Cristo nos ama primero, y el creyente responde no solo con palabras o actos devocionales, sino con una vida de amor y servicio a los demás. El amor de Cristo pide una respuesta Una de las santas que más nos habla de esto es santa Margarita María de Alacoque , en cuya experiencia espiritual aparece una doble dimensión: por un lado, la declaración ardiente del amor...