Hace pocos días celebramos la fiesta del Bautismo del Señor , con la que culmina el tiempo de Navidad. Al ver a Jesús entrar en las aguas del Jordán, muchos creyentes volvemos a pensar en nuestro propio bautismo y en las decisiones que rodean este sacramento. No son pocas las preguntas que surgen en el corazón de padres y familias: ¿debemos bautizar ya a nuestro hijo o esperar a que sea mayor? ¿Tiene sentido hacerlo si aún no puede expresar su fe? Incluso, muchos adultos se preguntan: ¿fue válido mi bautismo si lo recibí siendo niño? Estas inquietudes no nacen de la indiferencia, sino del deseo sincero de vivir la fe con responsabilidad y coherencia. Por eso, volver a las raíces bíblicas e históricas de la Iglesia primitiva nos ayuda a comprender que el bautismo, desde sus inicios, ha sido entendido como un don gratuito de Dios , una gracia que precede a nuestra respuesta y acompaña la vida cristiana desde el comienzo. 1. El bautismo en la Biblia: un don que precede a nuestra comp...
En medio de luces, villancicos y celebraciones, la Navidad puede correr el riesgo de quedarse en la superficie si olvidamos a sus verdaderos protagonistas. Hoy, en la fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret , la Iglesia nos invita a volver la mirada al corazón del misterio navideño: una familia concreta, sencilla y real, a través de la cual Dios quiso entrar en la historia. La Navidad no comienza en los palacios ni en los grandes escenarios, sino en un hogar humilde. Jesús no llegó al mundo solo; quiso nacer y crecer en el seno de una familia. María, José y el Niño Jesús son los protagonistas silenciosos de la Navidad, y en ellos se revela el proyecto de Dios para todas las familias del mundo. Como proclama el Evangelio de Juan: «Y el Verbo se hizo carne y puso su morada entre nosotros» (Jn 1,14). Dios no solo se hizo hombre: se hizo hijo , y eligió una familia para habitar entre nosotros. Contemplar el pesebre en familia es recordar que la Navidad se acoge juntos. La Navidad no te...