En la vida cristiana hay una pregunta que no se puede evadir: ¿dónde está tu tesoro? Porque, como enseña Jesús, “donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón” . No se trata solo de lo que creemos, sino de lo que amamos, de lo que buscamos, de lo que defendemos en lo cotidiano. Este artículo propone una reflexión profunda a partir de tres preguntas fundamentales, a la luz del Evangelio. 1. ¿Tu trabajo es para Dios… o solo para ti? (Lucas 12, 13–34) Jesús presenta la parábola del rico insensato, un hombre que acumuló bienes pensando en sí mismo: “Alma, tienes muchos bienes… descansa, come, bebe, date buena vida” . Pero Dios le responde: “Insensato, esta misma noche te reclamarán la vida” . Y concluye con una advertencia contundente: “Así es el que atesora para sí y no es rico ante Dios” . Aquí está la clave: no es el trabajo lo que condena, sino el propósito del trabajo . Trabajar no es malo. Tener proyectos, crecer, construir, tampoco. El problema es cuando todo es...
Un espacio dedicado a fortalecer nuestra fe en Dios, reflexionar en su palabra y crecer en el amor.